El poder de lo invisible

Existen dos tipos de naturaleza en el ser humano, la naturaleza egocéntrica y la naturaleza esencial.

La naturaleza egocéntrica se basa en la identificación con el cuerpo-mente-ego de la persona. Cuando te identificas simplemente con el ego y la mente, actúas de acuerdo con unas normas y restricciones mentales que son duales, no por defecto sino porque es el funcionamiento de dicha naturaleza.

Al sentirte identificado con el ego, surgen prejuicios, patrones y normas que no permiten fluir libremente. A la mente le encanta tener el control, se siente empoderada al llevar el mando. La identificación con la mente hace que busquemos afuera todo tipo de reconocimiento, y con ello lo que hacemos es tratar de vivir bajo unos patrones correctos, aceptables socialmente pero a la vez, sirven como caretas y disfraces para no expresar libremente lo que somos.

La naturaleza esencial es la expresión de lo que en verdad somos, la esencia de cada uno y de todos, y su “altavoz” a través del cuerpo es el corazón.

Muchas personas, en determinados momentos, hemos seguido la intuición y la espontaneidad del corazón, brota y se expande de una forma totalmente incondicional, libre, sin prejuicios, como actúan muchas veces los niños, de forma natural…

Cuando esto ocurre, cuando una persona expresa a través de su corazón algo que viene de su esencia que es la de todos, hace que repercuta sin haberlo planeado, sin haber pensado si quiera lo que eso puede mover, a los corazones de otras personas, puesto que todos tenemos corazón y todos somos esencia.

La expresión de lo que somos, se hace sin ningún motivo exterior, sale y fluye de dentro hacia afuera de forma natural, simplemente como expresión de lo que se mueve por dentro, y se comparte sin ningún tipo de expectativa ni reconocimiento ni aprobación. Es tan natural que ni siquiera se piensa sobre ello, fluye, sale y se comparte.

Cuando esto sucede de esta forma, la mayoría de las veces, impacta a otras personas, puesto que hace que conecten con su corazón, con su parte más vulnerable, con la naturaleza esencial de cada uno, con ese amor esencial que permanece oculto bajo capas y capas de mente, prejuicios, condicionamientos, emociones, restricciones…

La moraleja es que contra más tratas de hacer algo con intención de modificar a otra persona, de impactar en ella, de obtener su aprobación, su atención o cualquier fenómeno exterior, más ocurre lo contrario. Se obtiene más juicio, y a menudo más distancia.

En cambio, cuando sale algo simplemente de forma expresiva, sin intención de nada, sin propósito alguno, sino que es la representación simple de la expresión interior, acaban sucediendo cosas mágicas…

Hace unos días, compartieron conmigo una historia sobre una persona que vivió este tipo de experiencias. Cumplió uno de sus sueños, y en el momento de estar en el presente, de estar viviendo ese sueño, de que ese sueño pasase a ser una realidad, su corazón se abrió y salió toda esa magia del momento presente.

Salió toda su parte esencial, en forma de ternura, vulnerabilidad y amor. Todo ello lo expresó de forma natural, sin prejuicios, sin barreras… Simplemente permitió expresarse desde su corazón… ¿y qué sucedió sin ninguna intención de que sucediese?

Que a “la otra persona” que estaba ahí presente con ella, todo eso le movió y le llegó, hizo que resonara con su corazón, con su parte más vulnerable, conectó con su propia ternura, con su corazón y surgió un abrazo entre ambos. Y en ese pequeño y gran instante, se activó la magia.

Y de algo que parecía un encuentro jerárquico, el sueño anhelado, la persona “soñada”  y la soñadora, en ese momento de conexión cada uno con sus corazones, hubo una unión momentánea, se igualaron, ya que el corazón no se expresa como el ego, de superior o inferior, sino que iguala y une. Se unieron en un instante por el corazón…

Tan simple y bonito…

Tan costoso un encuentro así cuando se tienen mil prejuicios, mil barreras y mil caretas…

A veces, cuando personas viven este tipo de experiencias de expresión, no de impresionar, surgen críticas, celos, prejuicios o etiquetas de otras personas, no porque no tengan corazón o naturaleza esencial, todos tenemos corazón y somos esencia… sino porque entre su corazón y su forma de vivir, todavía hay muchas “caretas” entre medio que no han soltado… todavía se identifican mucho con la mente y el ego…

Aunque no fuera para nada tu intención y simplemente viviste tu experiencia de forma expresiva, siendo uno mismo y expresándolo…

Gracias por recordarme que la magia sigue estando ahí, y surge cuando somos honestos con nosotros mismos y nos permitimos fluir, vivir expresando…

Gracias por recordarme que la fuerza más potente muchas veces es “invisible” y aquello que nos negaron por prejuicios, por miedos como es el expresar los sentimientos, y nos dijeron que era una debilidad, en verdad es un tesoro.

Gracias por compartir conmigo esta experiencia esencial 🙂

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3 pensamientos en “El poder de lo invisible

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